Municipalidad de Mejía refuerza el acompañamiento a los adultos mayores del programa Pensión 65

La dignidad que viaja en cada asiento

La brisa marina que envuelve a Mejía suele asociarse con descanso y turismo, pero para decenas de adultos mayores la realidad es menos idílica: tras décadas de trabajo informal o labores domésticas no remuneradas, llegan a la vejez sin jubilación alguna. Para ellos, el programa estatal Pensión 65 —que otorga 300 soles bimestrales a quienes viven en pobreza extrema— es mucho más que un ingreso; es la llave para cubrir medicinas, alimentos y arriendo. Consciente de esta urgencia, la Municipalidad Distrital de Mejía ha convertido el “cómo” se cobra la pensión en un acto de restitución de derechos y afecto.

El universo local de Pensión 65

En el distrito están inscritos veinticinco adultos mayores beneficiarios. Una cifra modesta en los registros nacionales, pero significativa para un municipio cuyo tejido social se extiende por caseríos costeros y zonas rurales alejadas. La experiencia ha demostrado que la distancia entre Mejía y Mollendo —poco más de veinte kilómetros— puede transformarse en barrera cuando existe movilidad reducida, enfermedades crónicas o ausencia de redes familiares. Por eso, la comuna ha decidido concentrar recursos en quienes afrontan mayor vulnerabilidad: personas que viven solas, con discapacidad o con ingresos casi nulos fuera de la pensión.

Logística de cuidado: del primer saludo al último recibo

Cada dos meses, a la salida del sol, un equipo de la Subgerencia de Desarrollo Social inicia un recorrido casa por casa. Dos vehículos equipados con rampas recogen a los usuarios en Alto Mejía, El Boquerón, La Huata y el casco urbano. A bordo viajan un asistente social certificado en primeros auxilios y un voluntario de la brigada juvenil municipal. Su misión es sencilla en apariencia, pero decisiva: asegurar que cada pasajero suba y baje con comodidad, llevar un registro de presión arterial y brindar apoyo emocional a quienes muestran ansiedad.

Un trámite sin tropiezos en Mollendo

Ya en la capital provincial, los adultos mayores beneficiarios ingresan de manera preferencial al Banco de la Nación. La municipalidad coordina previamente con la entidad para reservar una ventanilla exclusiva durante las primeras horas, evitando aglomeraciones. Un agente de la Policía Nacional y una gestora de Pensión 65 verifican la identidad mediante biometría, bloqueando así intentos de suplantación. Mientras tanto, los asistentes sociales orientan en voz baja sobre pasos a seguir y vigilan que ningún extraño trate de cobrar “comisiones” por ayudar.

Salud, educación financiera y calor humano

El acompañamiento no termina al firmar el voucher. A la salida del banco, cada persona recibe un refrigerio y, si es necesario, medicinas esenciales proporcionadas por el centro de salud gracias a un convenio interinstitucional. También se imparten consejos para administrar el dinero: planificación de gastos, compra de alimentos nutritivos, pagos fraccionados de servicios y prevención frente a préstamos informales con intereses abusivos. En la última jornada, se detectó a cinco usuarios con hipertensión; todos fueron derivados a controles gratuitos y seguimiento nutricional.

Alianzas que multiplican el impacto

La estrategia municipal se sostiene en una red de actores. La asociación de pescadores dona kits de víveres; estudiantes del colegio José Carlos Mariátegui se suman como voluntarios; y profesionales de enfermería jubilados ofrecen charlas sobre autocuidado. Además, el Concejo ha aprobado la adquisición de un minibús con asientos ergonómicos, financiado a través del presupuesto participativo, que ampliará la cobertura hacia zonas anexas como La Punta y La Caleta.

Mirando el futuro: más tecnología, menos barreras

Las proyecciones demográficas señalan que el número de adultos mayores de Mejía podría duplicarse en quince años, impulsado por la migración inversa de familias que regresan tras jubilarse. Ante ello, la alcaldía negocia con el Banco de la Nación la instalación de un cajero biométrico itinerante que recorra plazas y postas médicas; así, los beneficiarios no dependerán del traslado físico para cobrar. Paralelamente, se plantea un programa piloto de alfabetización digital básica: uso de celulares para consultar saldos, activar alertas y evitar robos.

Cambio y desarrollo con rostro humano

En tiempos donde las obras de concreto suelen monopolizar titulares, Mejía demuestra que el verdadero progreso se mide también en sonrisas recuperadas. Convertir un cobro rutinario en un acto de respeto y compañía transforma la noción de servicio público. Cada operativo recuerda que “Cambio y Desarrollo” no es un eslogan, sino una práctica sostenida de cuidado: estar presentes donde más importa, cuando más importa, para que la vejez no sea sinónimo de abandono, sino de reconocimiento pleno a quienes cimentaron la identidad del distrito.

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